Hay un ritual masculino que me gusta: el partidito con amigos.
Admiro las ganas y el compromiso que le ponen. Ese día es sagrado, como si jugaran la final del mundo.
Tenemos los que juegan torneos interclubes, intercountries, están los de la oficina, también los de juego con lo’pibe del barrio, mis amigotes de toda la vida, solteros contra casados y la lista sigue tanto como hombres hay sobre la Tierra.
Hay dos grandes grupos:
Los de reunión pre-partido
Un ejemplo: los que deciden reunirse un sábado al mediodía en el Club, asadito de por medio, y después a descoserla como corresponde. Tengo registro de un sábado en Ferro, ese día me encontraba al costado de la cancha auxiliar tomando un pocoo de sol mientras contemplaba un partido de las inferiores. Resulta que a escasos metros hay una serie de parrillas y en una de ellas había un grupo de por lo menos 10 hombres quienes, en comunión, compartían vino y choripanes, cual bacanal ingirieron sólidos y líquidos hasta el límite de todo deportista amateur, osea hasta que el elástico del short no se expande más. Luego de la comilona pantagrúelica, recolectaron los utensillos (porque sino en casa los levantan en peso) y se encaminaron hacia la canchita vecina a la auxiliar. Parecían una manada de mamuts envejecidos, tenían menos movilidad que el mármol, de hecho uno que pasó por al lado mío se tomó una pierna y le dijo a sus amigos: "che me tiró, creo que no juego”…casi me descostillo de la risa, no te tiró un musculo, se trataba de tu cuerpo pidiendo tiempo fuera! Te acabás de levantar de la silla donde comiste y tomaste de lo lindo y pretendés ir a moverla en una cancha de medidas considerables!!
Los de reunión post-partido
Este grupo generalmente se reúne alguna noche en la semana o en la tardecita del sábado. Muchos llevan el bolsito a la oficina o sino hacen una parada fugaz en casa a los efectos de proveerse de los botines y del equipo de todo individuo que se precie jugador de fútbol, por supuesto que en este caso viene planchadito y con olor a Vivere.
Una vez en la cancha, se preparan y alguno se encarga de la charla técnica correspondiente, no perdamos de vista que en este partido se juega todo, hay que dejar la vida. Como es obvio, la vida en la cancha no la dejan, pero si sé de casos de quebraduras o lesiones varias, en los que siguen sin importar lo que ocurra. Ahí está la particularidad del sentimiento que rodea estos encuentros.
Finalizado el partido, viene la celebración. Aquí de nuevo cobran protagonismo la cerveza, el vino, la pizza, el asado y las charlas, donde se tratan temas varios que van desde el telebean de las mejores jugadas hasta las conquistas semanales de los solteros, pasando por quien sabe cuantos relatos entre risas y discusiones.
Está claro que en este ritual las mujeres no participamos, pero si alguna vez nos tocó en suerte asistir a uno, generalmente en plena etapa de conquista del macho alfa, seguramente pudimos observar las proezas que están dispuestos a hacer para conquistar a la hembra, ni te cuento si ese día lo toca la inspiración divina y mete un gol! Ahí si tocamos el cielo con las manos, ellos por el “golazo” convertido y nosotras porque hay sexo asegurado, del bueno, el de los campeones.
No tenemos que olvidar que un buen desempeño en el verde césped (por lo general sintético), se asemeja en significancia a cuando el hombre de las cavernas regresaba de su cacería y exponía su presa, que obviamente cuanto más grande era ésta, más viril y poderoso él se sentía. Tener un buen partido y convertir goles es glorioso, hay sonrisas aseguradas. Yo tengo el orgullo de haber recibido la dedicatoria de un gol cucchiaio a 12000 kilómetros de distancia y un océano en el medio, miren si será relevante esta bendita conversión!!
Mística, amistad y Ella en su cabeza…la pelota, obvio.