Luego de un año de trabajo y muchas cosas (la mayoría lindas), llegaron mis vacaciones.
Me voy a Quequén, una ciudad muy chiquita al lado de Necochea. Algunos leerán Necochea y seguro piensen en décadas pasadas, pero pegadita a esta ciudad y con un río que las separa se encuentra Quequén. Es mi lugar en la costa atlántica de argentina. Adoro ir de vacaciones a esta ciudad.
La zona de la costa por suerte no está superpoblada, hay casas bajas, calles de tierra y playas para disfrutar.
Hay un faro que se puede visitar y desde el cual hay una vista preciosa.
Sobre la playa principal están el club La Virazón, el beachcamp Monte Pasubio y más allá lejos el hostel Jamming.



Cuando fuí por primera vez quedé encantada. En la segunda, descubrí la gente que disfruta del surf y fuí dándome cuenta de qué iba el lugar cuando una tarde caminando con Facu escuchamos ruidos atrás de unos matorrales en un terreno, nos metimos y descubrimos un grupo de flacos en una rampa de skate, a mi me encantó y Facu obviamente flasheó (como lo quiero).
Toda la gente del lugar o los que van en plan de vacaciones la pasan bien.



Hay breakpoints de los mejores del país. Se corre una fecha del Campeonato Argentino de Surf y hay muchos eventos a lo largo del año, sobre todo en esta época, donde se puede disfrutar de buenas sesiones y generalmente se agregan atardeceres con música en vivo, surfers y skaters en la zona de Jamming. En el hostel, aparte de hospedarse, se puede comer en el restaurant o tomar algo mientras te perdés en el paisaje.



En Monte Pasubio hay una escuela de surf y una fábrica de tablas, Nueva Esperanza Surfboards, con un shaper que parece hace muy bien su laburo.
Los días en Quequén se pasan de lo mejor. Hay naturaleza, tranquilidad, disfrute y mucha buena gente.
Pienso disfrutar 15 días y seguro que voy a regresar queriendo un poquito más el lugar, como me pasa cada año cuando emprendo la retirada.
Nos vemos a la vuelta.
Chau, me fuí .
Me voy a Quequén, una ciudad muy chiquita al lado de Necochea. Algunos leerán Necochea y seguro piensen en décadas pasadas, pero pegadita a esta ciudad y con un río que las separa se encuentra Quequén. Es mi lugar en la costa atlántica de argentina. Adoro ir de vacaciones a esta ciudad.
La zona de la costa por suerte no está superpoblada, hay casas bajas, calles de tierra y playas para disfrutar.
Hay un faro que se puede visitar y desde el cual hay una vista preciosa.
Sobre la playa principal están el club La Virazón, el beachcamp Monte Pasubio y más allá lejos el hostel Jamming.



Cuando fuí por primera vez quedé encantada. En la segunda, descubrí la gente que disfruta del surf y fuí dándome cuenta de qué iba el lugar cuando una tarde caminando con Facu escuchamos ruidos atrás de unos matorrales en un terreno, nos metimos y descubrimos un grupo de flacos en una rampa de skate, a mi me encantó y Facu obviamente flasheó (como lo quiero).
Toda la gente del lugar o los que van en plan de vacaciones la pasan bien.



Hay breakpoints de los mejores del país. Se corre una fecha del Campeonato Argentino de Surf y hay muchos eventos a lo largo del año, sobre todo en esta época, donde se puede disfrutar de buenas sesiones y generalmente se agregan atardeceres con música en vivo, surfers y skaters en la zona de Jamming. En el hostel, aparte de hospedarse, se puede comer en el restaurant o tomar algo mientras te perdés en el paisaje.



En Monte Pasubio hay una escuela de surf y una fábrica de tablas, Nueva Esperanza Surfboards, con un shaper que parece hace muy bien su laburo.
Los días en Quequén se pasan de lo mejor. Hay naturaleza, tranquilidad, disfrute y mucha buena gente.
Pienso disfrutar 15 días y seguro que voy a regresar queriendo un poquito más el lugar, como me pasa cada año cuando emprendo la retirada.
Nos vemos a la vuelta.
Chau, me fuí .


