Estaba en mi casa y de repente sentí ganas locas de comprar algo, entonces pensé me voy al barrio chino y compro alguna boludez, siempre hay algo que aunque no tenga un uso determinado me hace feliz. Empecé a vestirme para partir rumbo a Barrancas de Belgrano cuando tuve la iluminación divina y sentí que lo que necesitaba era un corte en mi pelo. Sí, estaba segura de eso.
Cambié mi rumbo y me encaminé en dirección al Parque Rivadavia (a unas 10 cuadras de casa) hasta que llegué a Roho, estallaba de gente como era de esperar. Me acerco a una de las chicas de recepción y le digo quiero lavarme y cortarme. Mira la computadora y me dice que no había ni un lugar para hoy. Le dije que necesitaba cortarme el pelo, porque me dieron muchas ganas, que ella debía entender cuando nos pasa eso por la cabeza. Se rió y me dijo dejame tu nombre y llamame en 1/2 hora para ver si alguien canceló. Con una sonrisa asomando por mi cara emprendí la retirada y fuí a ver vidrieras. Pasaron los minutos pactados y llamé. Me atendió la misma chica, le conté quien era y me dijo que tenía un turno a las 20hs. De repente me puse feliz. Hoy finalmente me cortaba el pelo.
Tengo algo así como 1 hora más así que me metí en un ciber ya que empieza a hacer frío y yo salí con jean, remera y ojotas.
Acá estoy haciendo tiempo. Veremos como resulta.
Tengo el pelo lacio y el movimiento lo consigo con un buen peluquero que le dé forma. ¿Tendré un arrebato y haré algo que se me note? Veremos cuanto me animo y que tan bien sale.
Las mujeres que lean este blog seguro entenderán sobre esas ganas repentinas de ir a la peluquería en busca de un cambio. Y también comprenderán que esa arremetida puede salir muy bien o hundirnos en una depresión porque quedó terriblemente inmostrable.
En fin, son las 19.30hs. me voy para el Pasaje Indonesia en busca de mi terapia de sábado.
30/03 actualizo situación capilar: mantuve un poco el largo, pero le dió forma mal. Por momentos tengo la cabeza como el casco de los Pin y Pon, y en otros mi pelo la rockea .... yeah!


